miércoles, 4 de mayo de 2011

Microrrelatos finalistas enel XX Concurso Literario "Pedro Mercedes"

Las últimas líneas de un escritor

Luz tenue penetró a través de la ventana. Aquel día especial siempre lo recordaré por ello; momentos inolvidables para siempre recordar, para nunca dejar atrás. Ya era habitual; callado estaba sentado en su hamaca del amplio patio, luminoso, ahora alumbrado por estrellas de noche solemne. La inspiración sucumbía en aquel hombre de tez arrugada, con humo "cubano2 adentrándose en sus poros y del papel. Mojó la pluma en el tintero; sentí mi piel húmeda, yo era como aquella pluma, dispuesta a seguir plasmando las últimas líneas de sus memorias, de aquellos momentos inolvidables... La muerte inexorable hizo repentina su aparición.

Fernando Garrote Massó. 4º de ESO


´Todo se vino abajo
Todo se vino abajo. Paredes, lámparas, trozos de techo, todo se precipitó sobre mí. Oía los gritos de la gente que se encontraba a mi alrededor, pero no era capaz de pensar en ellos, en salvar sus vidas; solo veía caer la enorme viga que, en cuestión de segundos, me aplastaría como si de una lata vacía me tratase. Y allí acabó todo

Elena Valero Monedero. 4º de ESO

Relato ganador del XX Concurso Literario Pedro Mercedes

Sin título


En aquellos momentos el sol se filtraba perezoso a través de los cristales, iluminando tenuemente el pasillo del angosto vagón. Si a esto se le añadía el silencio y el continuo traquetear de las ruedas sobre la vía, daba como resultado un ambiente soporífero que invitaba de forma sumamente tentadora a una letargia ininterrumpida.
A esa hora del día era extraño encontrar tan pocos pasajeros en el viejo tren. ¿Resultaba desagradable? No. Tan solo un tanto extraño. La ausencia turbaba de forma interesante y un tanto siniestra la atmósfera de metete-en-tus-asuntos que de forma tan soberana solía reinar. No obstante, esto me proporcionaba una ocasión bastante buena para plantearme porque esteba allí.
¿Por qué estaba allí? ¿Qué esperaba encontrar al final del trayecto? No podía decirlo, era algo que solo sabría al final, con suerte. ¿Valdría la pena? Seguramente no. La verdad es que se me hacía extraño estar en un tren el día que no me tocaba. Para uno que tengo libre a la semana. Pero no me queda más que resignarme a estar aquí todavía media hora más, sin más compañía que lo que parecen ser tres comerciales, un par de oficinistas, una azafata o recepcionista y una abuelita con un vestido oscuro estampado que le da un aspecto simpático pese a ser el elemento más inusual de cuantos por aquí me suelo encontrar.

El reloj avanzaba con su monótono paso: segundos que siguen a segundos, minutos a los minutos y horas a las horas. El viejo aparato, siempre en su discreto segundo lugar en la muñeca, no engañaba. Era la hora que era.
Por supuesto, el hecho de mirarlo continuamente no haría que el tiempo pasase más deprisa. Si acabo estaba consiguiendo todo lo contrario, pues esos veinte minutos que todavía quedaban de trayecto se estaban haciendo insoportablemente largos. Ya no sé qué hacer para pasar el tiempo: mi móvil anda corto de batería y quiero que me dure todo lo posible; poco tengo a nadie a mi lado, por lo que cualquier intento de conversación banal y generalista queda descartado; y a mi pobre pantalón de pana le he repasado tantas veces las arrugas que voy a terminar por hacerle un agujero. Aunque lo mismo así conseguiría algo, pues parece mentira el calor que puede hacer en este destrozado vagón para la poca gente que hay.
Siempre pensé que el tema de calor sería por la acumulación de gente. Pues va a ser que no. Y con tanto calor, y con tanto sueño, y las ganas de dormir que produce el ambiente, estoy empezando a cerrar los ojos. Y conforme más se me van cerrando los ojos y más evidentes son mis cabezadas, los recuerdos se vuelven más nítidos, de forma que si no fuese por temor a que vuelvan los desagradables y saltarme la estación, ya de paso, podría abandonarme a gusto y echar la cabeza hacía atrás. Llantos, gritos y esas miradas… ¿no me dejo nada? Pues no. Han pasado varios días y al dolor del primer momento se han ido sumando poco a poco pequeñas gotas de culpabilidad que amenazan con desbordarme. La imagen de un globo de agua explotando se pasea por mi cabeza.


La simple melodía en tres notas que avisa de la llegada próxima a la estación resuena en el silencio de la sala, rompiéndolo, añadiendo un rayo de realidad a la sombras del sopor.
Unos estiramientos para acabar con el entumecimiento de la temprana hora y el corto. Es una delicia sentir la tensión en los tendones. Me pongo lentamente en pie y ya estoy listo para abandonar el vagón, pues solo me queda esperar que la suerte no me abandone a mí.

Oscar López García. 2º de Bachillerato

"Tan cerca y tan lejos", poema ganador del XX Concurso Literario "Pedro Mercedes"

Tan Cerca y Tan Lejos...
Tan Cerca y Tan Lejos es tu mirada,
Cuando me volteas a ver...
Tan Cerca es aquellos recuerdos de tu sonrisa...
y Tan Lejos, el sonido de tu Risa…
Tan Cerca y Tan Lejos, los recuerdos de la niñez,
Tan lejos de los problemas y Tan Cerca del Amor...
Tan Cerca y Tan Lejos son aquellas amistades de la ciudad,
Nombre cercanos, sentimientos Lejanos...
Tan Cerca y Tan Lejos,
De aquellos momentos alegres de tiempos pasados...,
Tan Lejos el único Amor posible, Utópico,
Y Tan Cerca de la Realidad,
Tan Cerca y Tan Lejos, es la frase de la vida,
Tan Lejos de Vivir, Tan Cerca de morir...
Tan Cerca y Tan Lejos, Solo cuestión de Tiempo,
Solo cuestión de distancia,
Tan Cerca de mi poesía, y Tan Lejos del Amor...

Emmanuel González Ontiveros. 2º de Bachillerato

"La gota de café", micorrelato ganador del XX Concurso "Pedro Mercedes"

Despacio. Sin prisa. La gota de café, tan negra y brillante, se desliza lentamente por el borde de la taza, casi como si intentase conseguir dar una cálida caricia a la frialdad blanca de la porcelana, un estremecimiento a su frialdad.
El olor amargo, profundo, se funde con el de la madera del nuevo mobiliario, así como con el haz de luz que penetra a través de la ventana. Una luz fuerte, que pronto transforma su suave tacto en una abrasadora agresión, obligando a huir de ella a favor de una sombra dulce.

Óscar López García. 2º de Bachillerato

sábado, 30 de abril de 2011

Se entregaron los premios del XX Concurso Literario "Pedro Mercedes"



Modalidad microrrelato:
Categoría 4º de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos:
Tercer premio: Diploma para Elena Valero por la obra «Todo se vino abajo».
Segundo premio: Diploma y libro para Fernando Garrote por «Las últimas líneas de un escritor».
Primer premio: Diploma, libro y premio en metálico para Óscar López García por la obra «La gota de café.».

Modalidad poesía:
Categoría 4º de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos:
Tercer premio: Diploma para Jesús Javier Argudo García por el trabajo «Tus recuedos»
Segundo premio: Diploma y libro para Juan Bardarjí Pontones por «Libertad».
Primer premio: Diploma, libro y premio en metálico para Emmanuel González Ontiveros por el poema «Tan cerca y tan lejos».

Modalidad relato:
Categoría 1º a 3º de ESO:
Primer premio: Diploma, libro y premio en metálico para José Alberto Collado, de 3º B.

Categoría 4º de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos:
Tercer premio: Diploma para el relato sin título de Mónica Collados Saiz.
Segundo premio: Diploma y libro para Amanda Rubio Alcocer por el trabajo «El sueño»
Primer premio: Diploma, libro y premio en metálico para el relato sin título de Oscar López Garcia.

lunes, 10 de enero de 2011

Concurso de logotipos "Lecturas viajeras"


Se acaba de convocar un concurso de logotipos que identifiquen el proyecto "Lecturas viajeras" en el que participa la Biblioteca del Centro. El concurso cuenta con la colaboración de los departamentos de Artes Plásticas y Lengua y Literatura.

Los interesados tienen de plazo hasta el 11 de febrero para presentar sus trabajos.

Más información sobre el proyecto la pueden encontrar en la web: http://www.lecturasviajeras.es

Las bases completas del concurso están en la parte superior de esta noticia

jueves, 25 de noviembre de 2010

Libros para el puente

La Biblioteca acaba de pubicar un nuevo boletín, íntegramente dedicado a dar unas recomendaciones de lecturas para el puente.
Puede leerse en línea haciendo clic aquí.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

La noche perfecta - Pablo Gallardo - 4º ESO

31 de Octubre, otoño, las calles están llenas de niños ilusionados por la fiesta de Hallowen y por recibir caramelos de casa en casa. Era una noche en la que hacía frío, bastante frío.
Tom, Sally y Bruno eran tres chicos de la edad de 16 años cada uno, salieron por la noche los tres a pasar una de las noches más deseadas por ellos, ya que se juntaban poco y una de las ocasiones en las que se reunían los tres era en la fecha de los santos. Pasaron la noche pidiendo dinero y caramelos, y también asustando a los niños que había por la calle festejando la fiesta de Hallowen, Tom decidió ir a las casas donde las personas no les habían dado nada y Sally y Bruno decidieron ir tras él.
Los tres taponaron las cerraduras de algunas casas, mientras Sally tenía un presentimiento de que no iban a acabar la noche bien.
Eran las doce de la noche, ya no quedaba nadie en las calles del pueblo y los tres chicos decidieron volver a sus casas, cuando se fue la iluminación del pueblo. Tom les dijo a sus dos amigos que no se preocuparan, que solo había sido un apagón, cuando se oyó un fuerte ruido. Los chicos se asustaron y cada vez se oía más cerca, los tres empezaron a correr desesperadamente, pero volvió la luz. No había coches, el color de la carretera era rojo, todo era muy raro. Al final de la calle había un carrito de supermercado, que lentamente se iba acercando a ellos. El carrito se detuvo enfrente de los chicos y empezó a dar vueltas sobre sí mismo, estos salieron corriendo y el carrito a una velocidad increíble empezó a seguirles, el carrito los alcanzó y se empezó a deshacer.
La luz se volvió a apagar y empezaron a sonar otra vez esos golpetazos que cada vez sonaban más cerca. La luz volvió de nuevo y en el suelo había una bolsa que se empezaba a elevar hasta coger la altura de la cabeza de Tom, la bolsa se topó con su cara y empezó a asfixiarle hasta déjale desvanecido en el suelo, estaba muerto como Sally y Bruno.
Sally se despertó, todo había sido un sueño, pero en la cama había una nota con una carretera roja dibujada que decía: “Tom ha muerto”

lunes, 15 de noviembre de 2010

Luz, muerte, oscuridad... - Diego Seligrat, 3º ESO

El pasillo se insinuaba siniestro. No había rastro de luz excepto alguna abertura de claridad en las habitaciones que dejábamos atrás . Paula se aferro a mi brazo.
Pequeños gritos ahogados se escuchaban en el vacío. Aquel ser extraño nos perseguía sin descanso . Miré a Pula.
Aquella casa perdida en la montaña era la sede de todo sentido de terror .

Mientras dormíamos se oyeron fuertes golpes. Cuerpos saqueados sin piedad, nuestros amigos de acampada habían sido asesinados en la parte baja de la mansión , nosotros, Paula y yo pasaríamos la noche arriba hasta que ocurrió todo; primero las escaleras sonaron ,fuerte tras lo asesinatos , hacia nosotros . Decidimos ir a la buhardilla donde estaba el telecomunicador .
Pié derecho cayendo a un escalón inexistente .
-¿Dónde están las escaleras?
-Sigue un poco mas.
Empezamos a ascender . Escalera de caracol .
Se oyeron pasos cerca . Pula sintió como volví la cabeza hacia atrás .
-No pares.
La buhardilla estaría próxima . Una ola de susurros al compás de pisadas próximas formaron un zigzag en mi oído .
-He tocado el pomo. Dijo Paula.
Algo estaba detrás de mi . Un aliento putrefacto abanico mi oreja.
-Vamos. Susurro Paula.
Las manos se soltaron . Pasos delante de mi , Paula se alejaba .
Yo me quede en el sitio .
La luz se encendió . El cuerpo inerte de Paula colgaba de una soga. La luz se apagó .
-Tic, tac ¿Dónde estas?
Me quedé paralizado .
-Ya lo sé .
De improviso algo me empujó hacia la ventana . Empecé a caer .
La luz se encendió .
Caí.
La luz se apagó.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La noche encantada - Teresa Martínez

¡Me encanta el verano! Siempre voy al pueblo de mi madre y me junto con mis amigos y amigas que tampoco viven allí pero que vuelven todos los años. Pasamos los tres meses allí en la piscina y las noches jugando y riendo. Solemos estar todos los amigos en un claro que hay en un pinar cerca del pueblo. Mi padre me dice que no entremos allí que no es un sitio adecuado para estar de noche...pero a nosotros nos gusta estar allí, se está muy bien, y además nunca hay nadie. Yo no podía entender por qué me hacía esa advertencia hasta que una noche sucedió algo que nunca podré olvidar...
Estábamos allí de risas y hablando de nuestras cosas hasta que en un momento de la noche una amiga, Nuria, empezó a ponerse blanca. Gritaba temblando que en la oscuridad, entre los pinos, había alguien o algo...estaba quieta mirándola muy fijamente...Todos comenzamos a reír bromeando y le dijimos que dejara de mentir. Ella no salía de su temor...ya no veía la figura pero estaba segura que no se la había imaginado nada. Varios nos ofrecimos a ir hasta el sitio para que se convenciera de que no había nada ni nadie allí.

Tras la comprobación a Nuria se le pasó el susto. Todos seguimos riendo y charlando cuando esta vez fui yo la que se sentía observada por alguien. Ese hombre...pálido mirándome fijamente...¡¡ERA VERDAD!! Me entró tal desesperación que comencé a gritar. Nuria lo volvió a ver y también gritaba. Nadie entendía nada pero nos pedían que parásemos...la broma se estaba haciendo pesada. Nosotros insistíamos: "no es una broma. ¿Es que acaso no le veis?" Nadie le veía... había vuelto a desvanecerse.

Algunos fueron a mirar otra vez... ¡nada! Seguimos allí pero yo ya no estaba nada bien...de repente Daniel gritó fuerte "Dios, ¿Qué es eso?" de una forma agónica, se levantó y empezó a correr hacía el pueblo...todos le seguimos. No tuve tiempo de girarme y mirar, pero sé lo que vio. Esa figura de mirada pálida penetrándote... miedo en el cuerpo, estábamos todos muertos de miedo.
Nunca más volvimos allí...nadie de nosotros se ha atrevido nunca a comentarlo...pero estoy seguro que no somos los únicos que lo hemos visto. Ya sé porque mi madre me decía que no entráramos allí...y porque nunca me daba la razón. Él, al igual que yo, no quiere nombrarlo nunca más.

La maldición de los hombres lobos - Andrés Herraiz

Había una vez un colegio abandonado a las afueras de un pueblo, y estaba abandonado porque se decía que allí había una maldición, que el encargado de mantenimiento por las noches se convertía en hombre lobo y atacaba y mataba a la gente que pasaba por el lado del instituto. Un cartero que llegó nuevo a la ciudad desconocía esa maldición y, como si nada, fue al colegio una noche de luna llena. Al dejar el corro vio una sombra. Él, que era muy cuiroso, se acercó a ver qué era y tuvo la mala suerte de que el hombre de mantenimiento se convertía por las noches en hombre lobo. El pobre cartero no pudo hacer nada para se le tirara encima y le mordiese en el cuello. Pero el hombre de mantenimiento prefirió no matarlo y moderle solo para convertilo en hombre lobo y desde ese día nadie se ha acercado por allí, ni de día ni de noche.
Más tarde, entre ellos decidieron que como no pasaba nadie por allí debían ir al pueblo a atacar a las personas y conseguir más aliados para consquistar poco a poco iudades, países, etc. Empezaron por los más débiles. Cuando tenían hambre mataban a alguien y se lo comían y cuando no solamente le mordían en el cuello. Cuando murieron o se transformaron todas las personas del pueblo fueron a más y más sitios hasta conseguir la ciudad y sus pueblos enteros y luego a más ciudades hasta conseguir toda España y más y más hasta conseguir el mundo enetero.
Pero había un problema. Ya no había comida y se pusieron a comerse entre ellos hasta que quedó uno, el más fuerte. Pero, a la semana se murió de hambre y así acabó la raza humana para siempre.

La mansión de Halloween - Rosa Ana de las Heras

Marta, una niña traviesa, lista y alegre estaba tumbada en el sofá viendo una película de miedo. “Las terroríficas noches de Halloween”

- Nos vamos a una cena de trabajo tu padre y yo, ¿te vienes?- dijo Elisa, su madre.

- No me apetece mama, esas cenas sabes que me aburren un montón y además quiero salir con mis amigas dentro de un rato. Ya que hoy es Halloween.

- Vale pero no os alejéis mucho- Dicho esto sus padres se fueron y ella se quedó sola.

El viento soplaba por detrás de las ventanas, ya eran las 8 de la noche, cuando llamaron a la puerta.

- ¿Quién? – Preguntó Marta.

Nadie contestó, pero sin embargo siguió llamando hasta que ella se hartó, e impulsiva abrió la puerta, no había nadie, tan solo un sobre, que decía escrito con sangre:

No os acerquéis a la casa más grande del pueblo. Si no, os quedaréis sin cuello y no sobreviviréis
Ja, ja, ja… seguro que han sido los de mi clase. Sin darle importancia se empezó a arreglar. Se iba a vestir de vampiresa. Cuando vinieron sus amigas se dispusieron a llamar.

Llamaron por todo aquel barrio hasta que una de ellas dijo:- Chicas siempre vamos a las mismas casas y ya me empiezo a aburrir, podríamos ir a esa calle de allí.

Todas ellas dudaron un poco aunque pronto dijeron que irían a 5 casas.

Por el camino comentaron lo de la carta, a todas les había llegado.

Les quedaba solo una casa, después ya se irían. Porque ya era tarde, las 9 de la noche.

. Seguramente los padres de Marta no habían llegado todavía.

- toc, toc

Nadie abría. Se fueron y… una manta negra las envolvió a todas, ellas chillaron y Marta se acordó de aquella carta a la que no le había dado importancia.

Cuando los padres de Marta volvieron a casa vieron el sobre tirado por el suelo y detrás ponía ( su hija ha desobedecido y Halloween se la lleva consigo hasta que pague por lo sucedido jaja)

Halloween en el cementerio - Corina Mariana

Una noche de Halloween quedamos toda la clase para ir al cementerio. Queríamos pasar la noche allí. Algunos no querían venir porque sabian que iban a pasar cosas raras,pero los demás no se preocuparon. Llegamos todos al cementerio y allí decidimos hacer una hoguera para no pasar frío y empezamos a contar historias de miedo. Algunos tenían miedo y otros curiosidad por cómo acabarían las historias que contaban. Pronto se cansaron de contar historias y empezaron a comer los caramelos porque tenían hambre. Aún eran las once. Faltaba un ahora para las doce, la hora en la que los muertos cobran vida, o eso dicen. Lidia, Clara, Natalia, Jenifer y yo nos preocupábamos porque decían que en Halloween a las doce, en el cementerio, pasaban cosas muy raras. Les intentamos convencer de que no pasáramos la noche allí, pero no nos hacían caso. Empezaron a jugar a un juego que se llama «ouija» que sirve para comunicarse con los espíritus. Poco después se empezaron a oír ruidos. Estábamos asustadas, pero los demás se reían. Nos enfadamoss y nos íbamos a ir, pero cuando estábamos enfrente de la puerta se cerró de golpe. Entonces los chicos vinieron corriendo hacia nosotras para ver qué pasaba. Estábamos todos muy asustados, ya no podíamos salir de ese terrorífico lugar. Se empezaron a oír pasos y cada vez se iban acercndo más. Decidimos explorar ese sitio, íbamos de dos en dos. Oímos un crujido y nos dimos la vuelta y nos dimos cuenta de que Alberto había desaparecido. Empezamos a buscarlo y se volvió a oír ese ruido, nos dimos la vuelta y había desaparecido Natalia. Echamos a correr pero el ruido nos seguía y cada vez que lo oíamos desaparecía alguien. Solo quedamos Clara, Jenifer, Lidia y yo. Estábamos asustadas y fuimos a saltar la valla pero de pronto apareció aloguien delante de nosotras. Llevaba una capucha negra, unas botas viejas llenas de barro y unos pantalones negros rotos. Creimos que era uno de los chicos y le quitamos la capucha. Lo que vimos fue inolvidable. ¡Era un muerto! Tenía arrugas y la piel verdosa. Le faltaba un ojo y la nariz, sus labios eran negros y muy arrugados. Gritamos y escalamos la valla pero el muerto agarró a Jenifer del brazo. Tratamos de recuperarla pero se la llevó, la tiró en una tumba y la enterró. Nos quedamos mudas por el miedo. Por fin, conseguimos salir del lugar pero los recuerdos de esa noche no los podré olvidar nunca. Aún tengo pesadillas y tod

El cachorro del miedo - Killian Gómez

Cuando paso los fines de semana en mi pueblo, me gusa mucho salir a pasear por el monte. Un día mis amigos y yo decidimos ir a visitar una mina de carbón abandonada que hay cerca de la casa de mis abuelos.
No teníamos claro si ir en bicicleta o andando, pero aprovechando que era el tiempo de buscar hongos, decidimos hacer la excursión a pie. Salimos después de comer para aprovehcar la tarde. Íbamos andando, hablando de nuestras cosas hasta que llegamos al sitio en cuestión. La verdad es que no sabíamos si entrar o no. Estaba un poco oscuro, así que encendimos las linternas y bajamos. Teníamos curiosidad por saber qué había dentro, pero a la vez nos daba un poco de miedo por si encontrábamos lago desagradable. Según bajábamos había menos luz y el aire era más denso. A uno de mis amigos se le acabaron las pilas de la linterna. Gritó. Algo frío y duro tocó su pierna. Se quedó paralizado en el sitio.
Nosotros estáb amos cerca de él pero no sabíamos qué hacer. Todos estábamos muertos de miedo. ¡Lo que nos faltaba! Mi linterna también se apagó. Estábamos prácticamente a oscuras. De pronto se oyó un ruido al fondo de la mina. Parecía un gruñido de un animal. Temblamos. Nuestras cabezas nos decían corred, corred, pero nuestros pies no se movían. El sonido se escuchaba cada vez más cerca y nosotros seguíamos sin reaccionar. Respiramos hondo y empezamos a ascender. Nadie quería ir el último. Mi amigo tropezó. Se había hecho daño en el tobillo. Le ayudamos a levantarse y seguimos subiendo. Parecía que la entrada de la mina estaba muy lejos. El tiempo se hacía muy largo. Apenas teníamos luz. Era una situación angustiosa. A mi amigo el dolía mucho y apenas podíamos avanzar.
De pronto se asomó una figura humna por la boca de la mina. Era mi hermano, que venía a buscarnos. Conseguimos salir y cuando llegamos arriba nos dimos cuenta que lo que nos había hecho pasar tanto miedo era un cachorro de perro que estaba allí.
Mi hermano se moría de risa y nosotros todavía temblábamos de miedo, así que decidimos no hacer ninguna excursión de ese tipo hasta que no estuviéramos preparados.

El mundo tenebroso - Paula Mansilla


Era una noche de otoño. Jessica, David, Juan, Elena y yo estábamos en el salón junto a la estufa contando historias de miedo.
Elena contaba una historia sobre los muertos que salían de debajo de la cama y cogían el pie de los niños arrancándolos hasta su mundo de pánico y terror. Los demás quedamos aterrados por el relato mintras Elena no paraba de reírse de nuestro miedo.
A la semana siguiente volvimos a quedar para contar más historias pero no fuimos al mismo sitio sino al bosque, a una gran cueva.
Cuando estábamos allí se oyeron unas risas tenebrosas. Nos asustaron, pero fuimos a investigar. Recorrimos toda la cueva pero no encontramos nada y salimos corriendo hacia casa. Entonces oímos un grito y nos dimos cuenta de que Jessica no estaba presente.
No volvimos a verla. Nos preguntábamos por ella pero no encontramos una solución lógica. Empezamos a decir tonterías como «se la llevó el monstruo».
Al día siguiente recibimos una nota supuestamente de Jessica que decía que estaba en un mundo parecido al infierno. Ella decía que al entrar había una puerta siniestra que chirriaba, vegetación tenebrosa y un gran demonio que te absorbía el corazón y te dejaba sin alma.
«No me esperéis viva», ponía en la nota.
Cuando le leímos corrimos a salvarla. Investigamos una semana hasta que un día vi unas manos terroríficas que salían de mí como intentando agarrarme, pero no sé qué ocurrió y las manos desaparecieron. Rápidamente me agaché y vi debajo de la cama un agujero negro que conducía exactamente al mundo que había descrito Jessica.
Corrí a avisar a los demás y nos adentramos en el agujero debajo de mi cama. Era un sitio horrible, todo era negro, gris y tenebroso. Parecía el infierno.
Anduvimos por el estrecho pasillo hasta que llegamos a una gran mesa de cristal. En ella estaba Jessica ya sin vida. Cogimos su cuerpo y se lo entregamos a su madre par que ella descansara en paz. «Siempre estaremos contigo», decíamos los tres a la vez.

martes, 26 de octubre de 2010

Algo más que un placer - Andriy Schevchuk - DC1


Aquella noche de viernes todo parecía estar bien, la gente hablaba en el bar de abajo, se oían gritos de niños jugando en el parque… Pero sentí algo muy extraño. Estaba tumbado en el sofá viendo un programa de misterio sin darle importancia, los ojos se me iban cerrando... De repente me desperté saltando del sofá con el corazón a mil por hora, el frío llegaba hasta mis huesos, mi cuerpo temblaba como si del cascabel de un pitón se tratase. Miré el reloj y eran las doce, cogí el mando de televisión y vi en la mesa manchas de sangre. El miedo se apoderaba de mí. Me alejé rápidamente, pero algo me decía que debía acercarme y saber más.
Al verlo con más calma me di cuenta de que eran huellas de una mano sangrienta. Al mismo tiempo oí como goteaba el agua del grifo. Era eso, un simple grifo. Ya era hora, la hora de irme a la cama, me dirigí a la habitación y cerré la puerta que nunca suelo cerrar. Me tumbé intentando pensar en lo bueno, pero algo me lo impedía. Entonces cogí los auriculares para distraerme con la música y así poder dormirme. Cerré los ojos y ahí vi una imagen, peor, peor que una pesadilla. Aparecía yo en el sofá durmiendo, y a mi lado, un niño, un niño con el rostro inexpresivo. Abrí los ojos rápidamente para quitarme esa imagen de encima. Un sudor frío corría por mi espalda. Todo se calmó, apagué la música y me tumbé boca abajo con la mano izquierda rozando el suelo. Sentí un cosquilleo, un enorme placer en la mano. Pensé que era mi gata, que me estaba lamiendo la mano
-¿Qué haces que no estás durmiendo Almiss? -le pregunté.
Ni un murmullo. Me levante para cogerla, cuando la vi colgada en la lámpara, decapitada. Salté de la cama, y eché a correr. Algo me agarró del pie, miré para abajo y era un niño, el niño que aparecía en la imagen. Me caí, el niño se me acercaba.
Entonces es cuando tiras la toalla e intentas que tu muerte sea rápida e indolora. Tras unos momentos noto que me siento impotente, incapaz de pronunciar cualquier sonido. Intento gritar, no hay oxigeno, tengo sed, no controlo el tiempo. Por fin, por fin logro escapar, pero veo desde arriba mi cadáver y al cabo de un tiempo la familia en mi entierro.
Intento hablarles pero no me oyen.

El cementerio encantado - Gema García, 1º-D


Érase una vez, en un pueblo a las afueras de una gran ciudad, un matrimonio que vivía en una gran casa gracias a sus herencias.
El hombre se llamaba Pedro y la mujer Luisa. La mejor amiga de Luisa, Irene, tenía una tienda de comestibles en el pueblo.
Una mañana, como era habitual, Luisa salió a comprar mientras Pedro se quedó en cama. Cuando Luisa llegó a la tienda de Irene se rumoreaba que había llegado al pueblo una pandilla de bandidos. A pesar de que todo el mundo estaba hablando de eso, Luisa no se enteró muy bien y le preguntó a Irene:
- ¿Qué es lo que rumorea todo el mundo?
- A ti te lo digo porque eres mi mejor amiga. Lo que pasa es que Pedro y tú vais a tener que guardar muy bien tu dinero.
Luisa se hizo la tonta, pero sabía muy bien a lo que se refería Irene. Se fue corriendo hacia su casa.
- ¡Pedro, levanta!
- ¿Qué pasa? -preguntó Pedro, bostezando.
- Esta noche tienes que ir al viejo cementerio. Allí has de esconder nuestra gran fortuna. Irene me dijo que llegaron a un montón de bandidos al pueblo.
A Pedro no le hacía nada de gracia ir al viejo cementerio, pero era por una buena causa.
A las diez de la noche Pedro se fue cargado con un bolsón color carne y bien cerrado con un hilo rojo.
Al llegar al cementerio se encontró con un gran obstáculo: hacía tanto tiempo que no iba nadie que las puertas estaban cerradas con candado.
Pedro se armó de valor y saltó las punzantes y oxidadas barras de la valla del camposanto.
Escondió bien el bolsón al lado de un árbol y una tumba muy vieja.
Al llegar a casa, Luisa le acribilló a preguntas pero él no le hizo caso.
Pasaron meses pero todo el mundo seguía rumoreando sobre los bandidos.
Una noche, Pedro tuvo una pesadilla. Eran los tres nietos de la familia Proud, los íntimos enemigos de la familia de Pedro.
¡Sabemos todo tu secretooooo y pronto se lo diremos a todo el mundo!
Pedro se despertó muy asustado pero Luisa le dijo que ya que estaba próxima la noche de todos los santos solo abría sido una pesadilla.
La noche de Todos los Santos llegó y a su vez una nota escrita con una de las hojas que había en el cementerio.
- Qué raro, es igual que las del viejo cementerio -dijo Pedro.
- Casualidad, pura casualidad -desmintió Luisa.
La nota decía:
Esta noche no salgáis de casa, a las ocho os haré una visita - Anónimo.
Ya eran las siete y media de la tarde y allí estaban Pedro, Luisa, Irene y un amigo de Pedro.
Toc, toc. Sonó la puerta. Al abrirla, apareció Juan, el bisabuelo de Pedro, muerto hace unos años.
- Toma, hijo -lo dejaste en la tumba de los Proud-. Y hoy al amanecer vi al viejo Willy intenando quitarte esta bolsa de color carne con el lazo rojo
El viejo Juan se fue dejando a todos boquiabiertos.
Desde entonces, no volvieron a sacar nada de la casa y todos los Días de los Santos se vana casa de su hija, en una ciudad lejos del pueblo.

jueves, 21 de octubre de 2010

Las gemelas - Relato de terror de Jennifer García, de 1º-D


Esto eran dos gemelas llamadas Natalia y Corina, que estaban en la casa nueva que habían comprado sus padres. Una noched, después de leer un ratito, apagaron las luces para irse a dormir. Vieron en la pared unas letras muy extrañas que no sabían lo que ponía. No sabían cómo leerlo. A Corina se le ocurrió que a lo mejor estaba al revés. Natalia y Corina pusieron un espejo al lado de la pared y entonces se podía leer. En el mensaje ponía: «Si queréis ir al servicio o a alguna otra parte, poned las manos debajo de la cama y un extraño os las chupará». Las dos gemelas se quedaron sorprendidas, como diciendo ¿pero esto qué es? «Esto es una gracia de alguien para asustarnos». Bueno, pues Corina se lo creyó pero Natalia no. Por la noche, Natalia fue al servicio sin meter las manos debajo de la cama. Corina le dijo: «Natalia, mete debajo de la cama las manos» y Natalia no le hizo caso. Corina se estaba dando cuenta de que su hermana estaba tardando un montón, así que metió debajo de la cama las manos y cuando sitió que se las chupaban fue corriendo al servicio, pero no podía abrir la puerta. Estuvo dando patadas a la puerta hasta que se abrió. Corina encontró a Natalia en el suelo hecha pedacitos, con la cabeza cortada y colgada en el espejo diciendo: «Halloween, truco o trato o te mato». Corina se echó a llorar. Tenía tanta rabia que cogía los cachitos del cuerpo y los tiraba por la ventana. Se fue corriendo a la habitación muy furiosa y miró debajo de la cama y vio quién las mataba. Era una chica con la cabeza cortada y una mano con un cuchillo lleno de sangre. Intentó escapar, pero la puerta se cerró de un golpe. Empezó a gritar y sus padres abrieron la puerta y la mujer desapareció. Desde esa noche tiene pesadillas y a veces oye a su hermana Natalia.

martes, 6 de abril de 2010

Convocado el concurso literario Pedro Mercedes

Acaba de convocarse el XIX Concurso Literario "Pedro Mercedes" que, como todos los años, trata de incentivar la escritura en los alumnos del instituto haciéndolo coincidir con el Día del Libro. El concurso cuenta con el patrocinio de la AMPA y el extracto de sus bases es el siguiente:
Tema: Libre
Género: Relato
Extensión: Mil palabras
Presentación: En la Biblioteca del IES o a través de correo electrónico a labibliotecadelinstiuto@gmail.com
Plazo: Hasta el 12 de abril
Fallo: En el segundo recreo del 23 de abril


El Boletín de la Biblioteca, electrónico

El segundo Boletín de la Biblioteca de este curso no se ha imprimido sino que se ha enviado por correo electrónico a los padres y a los alumnos del instituto en un archivo en formato pdf. Los interesados en recibirlo a los que no les haya llegado pueden pedirlo enviando un correo a la siguiente dirección electrónica:
labibliotecadelinstituto@gmail.com